La llegada a Estambul es el primer contacto con una cultura totalmente distinta. Es una ciudad con una energía muy particular, llena de aromas, mezquitas y mercados. Un buen plan para empezar es caminar por sus calles y empezar a descubrir el ritmo de Oriente.
La ciudad mezcla muy bien lo antiguo con lo moderno. Podés visitar la Mezquita Azul, recorrer el Hipódromo Romano o perderte en los mercados locales. Es un día ideal para probar los sabores típicos y dejarse llevar por la historia que hay en cada esquina.
Podras recorrer el Bósforo en un yate privado para ver los palacios y mezquitas desde el agua. También podés conocer los barrios coloridos de Balat o subir a Pierre Loti para tener una de las mejores vistas de la ciudad antes de salir hacia Beijing.
China es una ciudad inmensa y vibrante que te hace sentir que entraste en un mundo completamente nuevo.
Beijing invita a recorrer su pasado imperial. Podés caminar por la Ciudad Prohibida, conocer la inmensidad de la Plaza Tian An Men o pasear por el Palacio de Verano. A la noche, una buena opción es ver algún espectáculo de acrobacia tradicional.
Es uno de los momentos más esperados del viaje. Tenés el día para caminar sobre esta maravilla del mundo y disfrutar de las vistas entre las montañas. Para cerrar el día, podés probar el famoso pato laqueado, un clásico de la gastronomía de Beijing.
Para conocer la cara más auténtica de la ciudad, podés recorrer los Hutongs (callejones antiguos) en triciclo y ver la vida cotidiana local. También se puede visitar el Templo del Cielo, un lugar con una arquitectura y espiritualidad únicas.
El viaje sigue hacia Xi’an en tren de alta velocidad. El gran atractivo acá es el descubrimiento de los Guerreros de Terracota: miles de figuras a tamaño real que custodian la tumba del emperador. Es un lugar que sorprende por su magnitud y detalle.
Chongqing parece sacada de una película. Podés ver trenes que atraviesan edificios y disfrutar de sus luces infinitas desde algún rooftop. Es una ciudad vertical y tecnológica con una atmósfera que no se parece a ninguna otra.
Es uno de los paisajes más impactantes de esta ruta. Podés subir al teleférico más largo del mundo, cruzar el puente de cristal o caminar por los senderos entre montañas verticales que parecen flotar. Un lugar irreal para los amantes de la naturaleza.
Este pueblo parece detenido en el tiempo. Podés caminar por sus calles antiguas con faroles encendidos, conocer sus casas históricas sobre el río y disfrutar de un ritmo mucho más lento y tradicional en el corazón de China.
Shanghai mezcla rascacielos futuristas con templos antiguos. Podés recorrer el Jardín Yuyuan, caminar por el famoso malecón del río Huangpu o perderte en sus barrios más cosmopolitas para sentir la energía de la ciudad.
Hong Kong es el final ideal por su mezcla entre Oriente y Occidente. Podés subir al Victoria Peak para ver toda la bahía iluminada, recorrer sus mercados locales o simplemente disfrutar de la intensidad de la ciudad antes del regreso.